miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cuando los videojuegos molaban (Volumen II) : 25º aniversario de Game Boy

     Parece que fue ayer cuando me regalaron mi primera Game Boy. Tenía 8 años y ya había empezado a despertar el gusanillo por los videojuegos de ver a mi tio jugar durante horas. Ha llovido ya desde aquellos días, en concreto han pasado 25 años y no podía dejar pasar esta ocasión para felicitar a la que fue mi primera consola en propiedad (nada de compartirla con mi hermano, era mia, mi tesooooro). Recuerdo que mis primeros juegos fueron el Tetris y el Super Mario Land. 

                   

     Por aquella época no existía la opción de grabar las partidas así que no se la de veces que me quedaba a puntito de acabarme el Super Mario porque tenía que salir o hacer cualquier recado. Era frustrante pero tenía en parte su encanto ya que te metías de lleno en el juego y sentías esa emoción por querer llegar al final.
Tras esos primeros juegos llegaron muchos más, y algunos accesorios como la batería (mi salvadora ya que mis padres no ganaban para comprarme la cantidad de pilas que iba gastando), la lupa con linterna (la de veces que jugué de noche mientras pensaban que dormía), o la funda de cuero con bolsillos para los juegos.



     De la Game Boy se han vendido cerca de 120 millones de unidades en todo el mundo, habrán sacado múltiples versiones de colores, más pequeñas y cosas por el estilo, pero como mi primera Game Boy, la clásica, la que me lleva acompañando 25 años y aun se enciende no hay nada.
Muchísimas felicidades Game Boy, por haberme acompañado tantas y tantas horas, por haberme regalado tantos momentos de entretenimiento y diversión, y por haberme abierto la puerta a un mundo de posibilidades que desconocía, y quien sabe si fue la semilla para que a día de hoy me encante Japón. Tal vez si no te hubiera jugado no habría viajado a ese país tan maravilloso y no habría descubierto esas aficiones que llevo años disfrutando. Espero seguir contando con esta maravillosa máquina entre mis pertenencias y que el día de mañana pueda enseñarle a cualquiera que esté interesado que ese pequeño artefacto consiguió tantas y tantas cosas.


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