miércoles, 2 de septiembre de 2015

Japón por el mundo --- Dusseldorf

     Tras un breve período de inactividad del blog ya estoy de vuelta. En julio estuve de vacaciones y aproveché para viajar a varias ciudades de Alemania así como para conocer Copenhague y Ámsterdam. Casi 3 semanas de pateo con lluvia, calor, viento y otra serie de factores que hicieron que acabara reventado, pero viajar es uno de los pocos vicios que tengo, así que genial.

     En relación a este viaje quería contarles algo curioso que vi y que realmente me hizo ilusión, y fue encontrarme con el barrio japonés de Dusseldorf. A priori esta es una ciudad sin mucho que ofrecer, al menos para mi gusto, así que básicamente me dejé caer por allí para echarle un vistazo a ese pequeño barrio situado a unos cuantos minutos andando desde la estación principal de la ciudad.



     Iba en busca de un restaurante japonés llamado NANIWA del que había leído buenas críticas sobre su ramen y gyozas, dos de los platos que más me gustan, así que era obligatorio ir a comer allí. Cuando llegamos había una cola de unas 10 personas a la entrada, todo perfectamente organizado, y un detalle que me sorprendió fue ver que cada persona ya tenía en su mano un ejemplar de la carta para que fuera viendo lo que al entrar pediría y así ganar tiempo y agilizar el servicio. Una buena idea viendo lo solicitado que estaba el lugar. La mayoría de la gente se pegaba debajo del toldo ya que ese día el sol estaba pegando bastante fuerte. Tuvimos la suerte de que a los 5 minutos de estar esperando se acercó uno de los camareros preguntando que cuantos éramos, y al decirle que sólo 2 nos hizo pasar directamente ya que todos los que teníamos por delante eran grupos más numerosos, así que el comienzo ya era genial. Al pasar te encuentras con una barra con taburetes, tras la cual puedes ver a los cocineros metidos en faena. Luego por los laterales del local habían varias mesas, todas llenas en ese momento. A nosotros nos tocó sentarnos en la barra, pero yo tan contento ya que me tocó justo delante el cocinero que se encargaba de ir preparando los platos de ramen y mientras esperábamos pude ver como salían distintos tipos de ramen uno tras otro. Por unos momentos me sentí como si volviera a Japón ya que el ambiente de la cocina era muy típico de allá. Ahora faltaba ver si la comida también me recordaba a la de Japón.

     

     Para empezar nos pedimos unas gyozas, bastante buenas la verdad, así que la primera prueba estaba superada, pero yo tenía la mente puesta en mi platazo de ramen, que era en lo único que pensaba. Es curioso como estaba tan emocionado simplemente por entrar a un local que me recordaba tanto a Japón. No quiero ni imaginarme como estaré cuando vuelva a tierras niponas. Tras esperar un rato trajeron el plato de ramen, me lo pedí con cerdo. La presentación estaba bien como se puede ver en la foto, tal vez eché de menos que le pusieran huevo pero eso ya fue fallo mio ya que no me había fijado que eso se pedía aparte (es lo que tiene una carta donde casi todo estaba en alemán). Debo reconocer que estaba bastante bueno, tal vez el mejor que haya probado fuera de Japón y a un precio bastante económico para lo que es Alemania, creo recodar que me salió sobre los 5-6 euros o así.
Estaba disfrutando como un niño con mi platazo de ramen y viendo a los cocineros de aqui para allá diciendo cosas en japonés, realmente por esos instantes me sentí teletransportado a Japón.


     
     Tras terminar el almuerzo dimos un paseo por el resto de Dusseldorf y al volver a la estación pasamos por otro lado del barrio japonés que no habíamos visto antes. Habían algunos hoteles con nombres japoneses y supermercados con productos típicos. Mi gran sorpresa fue encontrarme con algunas de las golosinas que me acompañaron durante mis dos viajes anteriores a Japón. Los Pokki y los koalas de chocolate que eran mi vicio!!. Al verlos en el estante me faltó dar un mortal hacia atrás de la emoción. No dudé en llevarme uno y lo saboreé como si no hubiera un mañana. Me traje la caja vacía a casa y la tengo junto con otros recuerdos de Japón.



      Todo esto me recuerda que uno puede volver de Japón pero nunca se olvida de haber estado allí y siempre querrá volver por muchos kilómetros que hayan por medio. Y con esta reflexión el tanuki germano-japonés y yo nos despedimos hasta la próxima entrada.

Bis die nächste!! (Hasta la próxima!!)


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